Hoy, día de muchos mártires -preciosas lecturas en el Oficio; las leí todas y las recomiendo, tienen muchísimas cosas interesantes: para siempre, pero especialmente para estos momentos- me alegro de poder compartir con vosotros la hermosísima jornada de Montsacro.
Para empezar las perspectivas climatológicas eran de lo más preocupante, y antes de salir pude ver esta foto.
Llegando se veía el Aramo nevado y unas enormes nubes sobre él y el Montsacro. Pero en la Foz, celebrando a San Antonio una animada multitud invadía la carretera; temperatura 9º. Así hasta la III estación donde me encuentro a los nazarenos rezando la Misericordia dirigidos por los niños. Mientras tanto seguían llegando fotos del grupo de jóvenes que habían hecho la ascensión completa donde tuvieron de todo: nieve, sol, agua, más nieve, más sol que hacía reverberar la nieve...
Entre otras cosas encontraron esta preciosa imagen:
Terminaron llegando cerca de la capilla de Santiago desde la que enviaron esta foto impresionante:
Después del rezo de la coronilla, bocadillos, y luego de un rato acogida festiva de la cumpleañera que regresaba de las alturas desde donde había enviado las fotos, y que, previo canto del "cumpleaños feliz" invitó a todos con golosinas.
Unas nuevas ráfagas heladas parecían invitarnos al regreso, pero Isabel de Jesús no quiso hacerlo sin recogerse un rato, por si la Madre quería decirnos alguna cosa.
Y quiso. Como reza el título, con mucha ternura, pero con un velo de tristeza, nos instruyó acerca de la confianza, la fe, y la necesidad de que seamos luz en medio de las tinieblas que están oscureciendo esa fe...
En la siguiente foto, de otro hermano, vemos parte del grupo bajando la última cuesta hacia la torre. Se ven los paraguas porque volvía a caer aguanieve.
No tengo más fotos, pero sí mas cosas que contar.
En ese ambiente festivo del cumpleaños alguien tuvo una idea: como no se había previsto una tarta y no hubo ocasión de comprarla, se decidió improvisarla rápidamente. Antes de la Santa Misa unas cuantas prepararon todo, y al final nos reunimos en el comedor donde tuvimos, por misericordia del Señor y de la Madre, una sencilla y divertidísima velada.
Ya no muy lejos de la medianoche volvimos a la capilla para agradecer tantos dones y despedirnos del Señor, y aún tuvimos los últimos: Maribel compartió que , como -por misericordia del Señor, para que se mantenga en vela- le ocurre a veces, había tenido dudas de si sería la Madre quien le había estado dictando -eso fue lo que tuvo en esta ocasión- o si sería cosa suya... y que le consoló mucho la homilía que el Señor concedió a este siervo inútil, donde quedaron patentes las coincidencias, una vez más, entre la liturgia del día -que ,por una serie de circunstancias que detalló, no conocía- y el mensaje.
A la espera, como de costumbre, de la transcripción, mantengámos en unión con Quienes quieren que seamos luz para que podamos compartir esa ternura y consolar esa tristeza...
Shalom.
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