Lo que veíamos ayer es algo de lo que tenemos varias experiencias los nazarenos. Isabel de la Cruz ha sentido recientemente el grito de un alma que se sabía condenada, y su oración consiguió librarla. En esa misma piedra de la foto supo, hace dos años, de otra alma que se acababa de encontrar ante Dios con el juicio de su vaciedad; sintió que estaba condenada. En esa ocasión fue el Rosario que los nazarenos presentes aplicaron por ella (familiajesusnazareno.com, 21/04/2013, pag. 14-16) lo que la libró de las penas eternas del infierno, como decimos instruidos por Aquella cuya novena estamos celebrando.
Demos infinitas gracias, y obedezcamos a tan buena Madre, y al Dios infinitamente justo y misericordioso. Justo que pagó por nuestras culpas; misericordioso que asocia nuestras pobres oraciones, de unas "nadas", a sus méritos para que su salvación alcance a tantos pobres hijos suyos.
Shalom!
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