¡Cuántas maravillas de la Madre en esta piedra!
Mañana hace una semana de esa gracia extraordinaria que comentábamos. Hoy fue un día especial porque se celebraba a la Madre que lleva siglos haciendo maravillas en otro monte: Montserrat. Coincidió en el día especialmente dedicado a Ella, el día de su gran, terrible soledad, el único que estuvo sin su Hijo. Por eso la Iglesia quiere, desde siempre, acompañarla especialmente en este día, para agradecerle por tanto amor, por tanto dolor; y pedirle con confianza que estemos siempre pendientes de su ayuda, de sus sugerencias, de sus inspiraciones, de sus súplicas. Como nos dijo el otro día: que amemos.
¡Shalom!
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