Hoy se podía leer en el breviario:
"Jorge (...) repartió primero sus bienes entre los pobres (...), y así, libre y dispuesto, se puso la coraza de la fe y, cuando el combate se hallaba en todo su fragor, entró en él como un valeroso soldado de Cristo.
Esta actitud nos enseña claramente que no se puede pelear por la fe con firmeza y decisión si no se han dejado primero los bienes terrenos."
En la memorable subida de anteayer, la Madre nos recordó que no basta con rezar, tenemos que cambiar.
Mencionó también el Señor que no todos rezaron aquel rosario con el mismo fervor.
Para terminar, es impresionante que el Señor le preguntó a Isabel si quería sufrir un poco por aquella alma. Isabel aceptó. Pudimos ver cómo le dolía el pecho, cómo se asfixiaba. Don José Ramón y yo le impusimos las manos. Al rato ella agradecía al Señor por el alivio que le quiso dar y, algo más tarde, nos daba la gran noticia que comentaba ayer.
Así que está clara la importancia de la oración unida, pero también la necesidad del sacrificio.
Esto pensaba leyendo esa lectura de san Jorge.
Si no vivimos entregados a la voluntad de Dios, confiando absolutamente en Él, dejando que Él lleve como quiera todos nuestros asuntos, olvidando nuestros planes y demás, no podemos combatir, no podemos recibir de Dios la gracia de ser verdaderos soldados suyos, ni soñemos en la gracia del martirio.
San Jorge fue mártir y se convirtió en defensor de tantas gentes y pueblos, venciendo al dragón en vida, en muerte y después de muerto, porque obedeció la sugerencia evangélica
sin rebajas , dudas ni retrasos.
Esa es la invitación que constantemente se nos hace en el Montsacro.
Podamos oírla con docilidad y confianza. Que el Señor pueda colmarnos y convertirnos en instrumentos útiles para sus planes de misericordia.
¡Shalom!
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