Según me acercaba, oía el barullo alegre que había en el Tejo (lo pongo con mayúscula porque, como sabéis, es muy especial), y pensaba: ¡Qué poco respeto; al Monte y Al que nos recibe en él, especialmente ahí, en el Tejo!
Después de estar en rato con ellos ya no tenía esa impresión; era un agradable ambiente de alegría con el Señor y los hermanos.
Impresionante vista, unas decenas de metros después del Tejo, del conjunto de la subida, donde se ve la primera torre (la de los comentarios), la primera cuesta y la subida hasta la III estación, la segunda torre y la última curva y subida al Tejo.
La cruz bordón presidiendo, a modo de retablo, la pequeña explanada, en la antigua acampada, donde tuvimos la Santa Misa.
Al acabar la Misa, a una hora muy razonable, y con mucho día por delante para bajar cómodamente, unos querían bajar, otros -más exactamente: otras- empezaron a cantar como pidiendo al Señor que volviera. Muchos cantos, muy bonitos, entre ellos "Ubi charitas"; en ese momento Isabel, con los ojos cerrados, ve a San Francisco de Sales, y me pregunta si conocería él ese canto; le explico que no ése exactamente pero sí un himno que comienza así y se canta el Jueves Santo.
La noche va llegando y la cosa sigue igual, así que bajamos.
Al llegar a la piedra de la Madre, y una vez todos reunidos, nos exhorta Isabel a recordar que en el Montsacro hay que olvidar esas máquinas de contar el tiempo... y al poco rato el Señor agradece a las chicas que tanto entusiasmo y alegría desplegaron en ese hermoso día. (De paso me hacía comprender que, efectivamente no le desgradaba nada el "barullo" que me había perturbado un poco a mi llegada horas antes...)
Quedo a la espera de la transcripción de esos hermosísimos mensajes para disfrutarlos con calma, cosa que os deseo también a vosotros y que podremos encontrar, Dios mediante, en
Es verdaderamente el Corazón de Jesús en vivo y en directo con su inmensa ternura. Ya veréis.
Shalom.
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